Tuberculosis: El maquillaje romántico del siglo XIX – Dra Ipsae Edith Melgoza Toral

El concepto de romanticismo – tal cual es recordado como movimiento cultural decimonónico -, es un tema que nunca pasará de moda; la gran responsable de eso es la cualidad que caracterizó a dicha corriente al mostrar cómo es que en el mundo hay realidades inevitables que sólo pueden captarse mediante el sentimiento y la emoción exaltados, además del firme pensamiento popular que decretaban las mentes destacadas de la época que rechazó el hecho de imponer conceptos en una sociedad libre, nacionalista y apasionada.

Muchos de los escenarios cinematográficos – actuales – o literarios – de dicha época – se desenvuelven en algún país del continente europeo –si bien el movimiento cultural se extendió a otros continentes más, Europa destacó como el paisaje clásico e idóneo para los fines románticos- que nos transportan a alguno de los extremos sociales de la época, ya fuere la extravagante y ociosa vida que ostentaban los nobles y la realeza, o los altibajos de una vida subyugada y sumergida en la miseria. Por ejemplo, podemos imaginar fácilmente el profundo amor que la reina Victoria I de Inglaterra tuvo por su esposo, el príncipe Alberto, en el palacio de Buckingham, al mismo tiempo que el pueblo inglés se encontraba al borde de una crisis política y social; también se puede fácilmente construir en la mente la tortuosa historia de amor de una de las monarcas más queridas y recordadas de Austria y Hungría, la emperatriz Elizabeth, que luego de haberse enamorado del Emperador Franz Joseph en 1854, llegó a la corte de Viena – de la que procuró siempre mantenerse alejada – en donde su gran belleza física, forma de pensar rebelde y el marcado interés por las causas sociales dio mucho de qué hablar.

El romanticismo exacerbó el desarrollo existente en la literatura, la música y la más noble fusión de ambas: la ópera. Quienes se involucraron en su crecimiento, insistentemente trataban de plasmar escenas realistas más que históricas y mitológicas. Tal fue el caso de Verdi, un compositor italiano que, entre sus obras más populares, basado en la historia de Alexandre Dumas (hijo) La dama de las Camelias compuso  la ópera La Traviata.

Este relato encumbrado al escenario operístico se ambienta en un París que, si bien se ubica en el libreto a mediados del siglo XIX, muy por encima de cualquier otra acotación terrenal, podría considerarse como una narración atemporal, ya que el desarrollo de los eventos inigualablemente condensados en cánticos y matices orquestales fue, es y será igualmente gozado y sufrido por cualesquiera que se expongan a tan innoble destino. El tercer acto, en tan sólo 25 minutos de exorbitante desconcierto, muestra el deterioro de una deslumbrante protagonista que hacía una hora cantaba con gran holgura la maravilla de sentirse libre…y sin embargo, tan sombrío y real como el destino de millones ha sido, se reduce a escasas notas que, en medio del desasosiego de los espectadores, transmite la belleza sublime de una ascensión espiritual santificadora y, a su vez, el último y más patético sablazo de una muerte ingrata.

El giro melancólico y realista de la obra es que, tanto el semblante caquéctico, de rasgos delineados y delicados, tez pálida, ojos brillantes y expresivos dentro de las cuencas ennegrecidas por la anemia,  como el agotamiento al mínimo esfuerzo, representan  un ejemplo clásico de tuberculosis; por supuesto, con su toque teatral que nos hace olvidar el aspecto de una persona asolada por una bacteriemia que, durante un acceso de tos – hemoptoica o no- lucha por obtener la mayor cantidad de oxígeno para su pobre intercambio gaseoso con una expresión cianótica al borde de la histeria.

Analizando el contexto de Violeta -aunque probablemente no había persona exenta de una primera exposición de Mycobacterium tuberculosis- ella cumplía con las condiciones ambientales y sociales ideales para la proliferación de una primoinfección o una reactivación.

Haciendo una breve recreación de lo que sucedió, en una baja inmunológica con pobre respuesta celular, los bacilos proliferaron dentro de macrófagos alveolares hasta la apoptosis, no sin antes haber producido citoquinas y quimiocinas para atraer células fagocíticas – como monocitos, otros macrófagos alveolares y neutrófilos-. La apoptosis liberó sustancias tales como factor de necrosis tumoral alfa, especies reactivas de oxígeno y el contenido de células T citotóxicas (granzimas, perforinas) las cuales desarrollaron necrosis caseosa característica de una lesión tuberculosa y que, crónicamente, da lugar a uno de los síntomas más floridos y utilizados para exponer de manera explícita una infección tuberculosa, hemoptisis.

Es entendible el impacto que causa una muerte tan prematura por tuberculosis, protagonista de muchas historias trágicas de amores perdidos en la flor de la juventud. Lo que aun causa conmoción en pleno siglo XXI, es que a pesar del advenimiento de la era antibiótica, el relativo fácil acceso de tratamientos y el bombardeo de información global al alcance de la mano, M. tuberculosis perdure y sea autora de tantas muertes en los diversos puntos más marginados del planeta.

Tuberculosis: The Romantic Makeup of the 19th Century

The concept of romanticism – as it is remembered as a nineteenth-century cultural movement – is an issue that will never go out of style; The great cause for this is the quality that characterized this movement by showing how in the world there are inevitable realities that can only be grasped through the exalted feeling and emotion, as well as the firm popular thought decreed by the outstanding minds of the time who have Rejected the fact of imposing concepts in a free, nationalist and passionate society.

Many of the cinematographic scenarios – presents – or literary – of that time – are developed in some European country – although the cultural movement extended to other continents more, Europe emphasized like the classic landscape and suitable for the romantic ends – that take us to know some of the social extremes of the age, whether it be the extravagant and idle life of the nobles and royalty, or the ups and downs of a life subjugated and submerged in misery. For example, we can easily imagine the deep love that Queen Victoria I of England had for her husband, Prince Albert at the Buckingham Palace, while the English people were on the verge of a political and social crisis; The tortuous love story of one of the most beloved and remembered monarchs of Austria and Hungary, the Empress Elizabeth, who, have falled in love with the Emperor Franz Joseph in 1854, can easily be built in the mind the scene of the court of Vienna – From which she always tried to stay away – where her great physical beauty, rebellious way of thinking and her marked interest in social causes gave much to talk about.

Romanticism exacerbated the existing development in literature, music and the noblest fusion of both: the opera. Those who became involved in its growth, insistently tried to portray realistic scenes rather than historical and mythological. Such was the case of Verdi, an Italian composer who, among his most popular works, based on the history of Alexandre Dumas (son) The Lady of the Camellias composed the opera La Traviata.

This story of the opera scene is set in a Paris that, although it is located in the libretto in the middle of the nineteenth century, far above any other earthly dimension, could be considered as a timeless story, since the development of events unequaled condensed into chants and orchestral nuances, was, is and will be equally enjoyed and suffered by anyone who is exposed to such an ignoble fate. The third act, in just 25 minutes of exorbitant confusion, shows the deterioration of a dazzling protagonist who an hour ago sang with great ease the wonder of feeling free … and yet, as bleak and real as the fate of millions has been, Is reduced to scarce notes which, in the midst of the restlessness of the spectators, conveys the sublime beauty of a sanctifying spiritual ascension and, in turn, the last and most pathetic blow of saber of an ungrateful death.

The melancholy and realistic twist of the work is that both the cachectic countenance, delineated and delicate features, pale complexion, bright, expressive eyes within basins blackened by anemia, such as exhaustion at minimum effort, represent a classic example of tuberculosis; Of course, with its theatrical touch that makes us forget the appearance of a person afflicted by a bacteremia that during a cough – hemoptoic or non – fight to obtain the greatest amount of oxygen for its poor gas exchange with a cyanotic expression at edge of hysteria.

Analyzing Violet’s context – although there was probably no person exempt from a first exposure of Mycobacterium tuberculosis – she fulfilled the ideal environmental and social conditions for the proliferation of a primary infection or a reactivation.

Briefly recreating what happened, in an immunological decline with poor cellular response, bacilli proliferated within alveolar macrophages until apoptosis, but not before having produced cytokines and chemokines to attract phagocytic cells – such as monocytes, other alveolar macrophages and neutrophils -. Apoptosis released substances such as tumor necrosis factor alpha, reactive oxygen species and cytotoxic T cells (granzymes, perforins) which developed caseous necrosis characteristic of a tuberculous lesion and which, chronically, gives rise to one of the more colorful symptoms and used to explicitly expose a tuberculous infection, hemoptysis.

It is understandable the impact that causes such a premature death due to tuberculosis, protagonist of many tragic stories of loves lost in the flower of youth. What is even shocking in the 21st century is that despite the advent of the antibiotic era, the relatively easy access of treatments and the bombardment of global information within reach of the hand, M. tuberculosis persists and is the author of so many deaths in the most marginalized areas of the planet.

 

Ipsae Edith Melgoza Toral

 

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s