CARAS VEMOS, GENOMAS NO SABEMOS

Caras vemos, genomas no sabemos

En un estudio publicado recientemente en la revista Nature, un grupo de científicos mexicanos del Cinvestav Unidad Irapuato, liderados por Luis Herrera-Estrella del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio-Cinvestav) en colaboración con la Universidad de Búfalo han reportado un hallazgo que contraviene algunas de las teorías que se habían aceptado previamente respecto a la función de la información genética conocida como DNA “basura” o “junk”.

En este estudio, el grupo secuenció y estudió el genoma más pequeño de una planta superior (Utricularia gibba), la cual es una pequeña planta carnívora acuática, que también ha sido utilizada como planta de ornato para acuarios y peceras. El descubrimiento principal del grupo fue que, a diferencia de los seres humanos, donde únicamente el 2% de su material genético codifica para proteínas y el 98% es conocido como DNA “basura” debido a que no se traduce; el 97% del genoma de U. gibba se puede traducir en proteínas funcionales. Es decir que, de alguna manera, esta planta carnívora ha logrado “depurar” de su genoma todo ese material genético que no codifica, y aún así ha mantenido un conjunto de genes funcionales; al contrario de otras plantas superiores, tales como el maíz, el tabaco y otros organismos, como los seres humanos, donde el DNA basura ocupa un alto porcentaje de su genoma.

Este hallazgo los llevó a formular la siguiente aseveración: la mayoría del DNA no codificante, que es abundante en muchos seres vivos, puede no ser necesaria para la complejidad celular. Sin embargo, este descubrimiento es controversial con lo que se ha observado en el DNA no codificante en otros organismos, como se ha observado en las publicaciones de ENCODE, un proyecto de investigación internacional, que ha tratado de explicar que la mayor parte del DNA no codificante (80%) parece jugar un papel en las funciones bioquímicas, como es la regulación y la promoción de la conversión de DNA en RNA.

Al final, este trabajo ofrece una nueva forma de mirar la organización genómica de lo organismos y nos recuerda aquel viejo refrán de que, “no todo es lo que parece”, y que, como siempre, la naturaleza nos continúa sorprendiendo con su magnificencia y originalidad.

Referencia:

Ibarra-Laclette, E. et al. Architecture and evolution of a minute plant genome. Nature 498, 94–98 (2013).

Imagen1

Utricularia gibba Micrografía coloreada de una de las trampas de la planta carnívora (su longitud real es de 1 mm). Crédito de Enrique Ibarra-Laclette, Claudia Anahí Pérez-Torres and Paulina Lozano-Sotomayor.

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